Bárbara Lizondo

“Hoy en día puedo  mirarme y decir que he sido y soy  producto de lo que quise ser.”

Viví en el barrio Bancalari desde los 9 años e inicie mis estudios secundarios en la Escuela Media Nº 11 del barrio aviación.
De 5 hermanos, según mis viejos era la que siempre quería ir a la escuela, llueve o truene. Es así, que continúe estudiando hasta 4º año pero tuve que dejar porque iba a ser mamá, y en ese entonces no muy lejano año 1996, no era común ver a una adolescente embarazada en la escuela, tampoco en ese momento recibí el apoyo que hubiese querido para poder seguir estudiando “anhelo que tuve desde que recuerdo para poder tener la oportunidad de una vida distinta a la que me había tocado vivir”.

Nueve años después, de superar los mandatos familiares y culturales que muchas veces nos asignan a las mujeres por el hecho de serlo, logre retomar esa idea y proyecto que tuve pendiente por mucho tiempo…”terminar mis estudios secundarios”.

Luego de una intensa búsqueda, en dónde preguntaba, me acercaba a distintas instituciones, con miedos y expectativas –obvio- logre cruzarme con una vecina del barrio que estaba terminando de estudiar el secundario en la Asociación El telar y me lo recomendó. Desde allí, puedo decir que mi vida y la de mi familia cambio para siempre, ya que no solo yo tuve la oportunidad de terminar mis estudios, sino también Gustavo, mi pareja. Creo que la guardería de la institución, a la que llamábamos Escuelita Infantil, nos facilito también concretar este proyecto tan ansiado, ya que, nuestros hijos Daiana y Javier, se quedaban allí, hasta que sus papis terminaban de cursar, nos brindaban confianza y seguridad.

No fue fácil, nos tuvimos que reorganizar, aprender nuevas cosas y sobre todo creer en nosotros. Cabe señalar, que el cambio también lo notamos en nuestra manera de ver el mundo, cada día adquiríamos nuevos conocimientos que nos permitían desenvolvernos de diferente manera frente a nuestros hijos y frente a nuestra realidad, conocimos personas maravillosas en este camino. Cada vez que surgía la duda sobre si podríamos lograrlo, estaba la palabra de aliento de un docente, un amigo que nos daba fuerzas para continuar, ya que era difícil sostener la cotidianidad del quehacer en nuestra familia, los chicos, la escuela, etc.

Y así, llegó el último año de mi secundario en donde me surgió también la necesidad de realizar un oficio para capacitarme aún más debido que en esta realidad tan dinámica y cambiante las exigencias del mercado crecen aún más. Esta posibilidad me la brindo la institución porque se brindaban y brindan distintos cursos de Formación Profesional, en ese entonces Nº401. Había trascurrido ya dos años de nuestro trayecto por el colegio y sabíamos que una etapa se cerraba y otras puertas se abrían, nuestro sueño se hacia realidad, nuestra familia y seres queridos nos acompañaban en ese momento tan hermoso de nuestras vidas…al fin y al cabo…Toda la familia se egresaba, así lo sentíamos, por el esfuerzo que realizamos todos para lograrlo.

Mi paso por el Telar me permitió reconocer mis capacidades, confiar en mi misma, me brindo la posibilidad de reaflorar mi sentido de solidaridad y sentir que siempre que uno confíe en lo que quiere, no hay nada que lo pueda impedir, no importa cuanto tardes en llegar, lo importante es llegar en algún momento de la vida ahí donde siempre quisiste estar. Hoy en otra etapa de mi vida a un paso de recibirme de Lic en Trabajo Social, porque ya lo soy, miro hacia atrás y valoro cada uno de mis esfuerzos, de las palabras que me dieron aliento, de los conocimientos adquiridos, y la posibilidad que me brindo la institución para crecer no solo en lo personal sino en lo profesional.

Siendo parte hoy en día del Equipo Técnico del Telar considero que el barrio Baires –Bancalarí, como zonas aledañas, necesitan instituciones que brinden la posibilidad de construir conocimientos y valores, que brinden alternativas de elección , y creo que la Asociación el Telar es una de ellas.

Barbara Lizondo